Lunes, 31 Jul 2006
El Imperio Romano fue un imperio de la antigüedad, surgido tras la victoria de Octavio sobre Marco Antonio, acabándose el anterior periodo conocido como República Romana. En el año 27 adC le fue otorgado el título de Augusto por parte del senado. Aunque formalmente nunca aceptó el título de emperador de Roma aseguró su poder acogiendo varios puestos importantes de la república y manteniendo el comando sobre varias legiones. Tras su muerte Octaviano fue consagrado como “Divus”, lo cual le concedia el cargo de Dios. El imperio romano conseguió su mayor extensión bajo Marco Ulpio Trajano (53 - 117 d.C.) y Adriano (76 - 138 d.C.) que consolidó las conquistas de Trajano. El imperio llegó a abarcar desde la Gran Bretaña al Sáhara y desde la península Ibérica al Éufrates. Bajo su sucesores Antonino Pío y Marco Aurelio se produjeron ya los primeros ataques sobre las fronteras romanas sobre todo por parte de los germanos (especialmente los Markomanos) y los Parthos. Bajo Cómodo, hijo y sucesor de Marco Aurelio y emperador de quien los historiadores dan un imagen de tirano y poco competente, la situación se agrava hasta que el emperador es finalmente asesinado.
Tras un breve periodo anárquico Septimio Severo, militar no perteneciente a la aristocracia romana, consigue establecer una nueva dinastía el año 193. Alejandro Severo es el último emperador de esta línea hereditaria dando paso a la tercera anarquía (la primera fue el año de los cuatro emperadores y la segunda la que precedió a los severos). A partir de ahora llega una larga sucesión de emperadores que llegan al poder gracias a haber subido en el escalafón militar por méritos sin ser necesariamente de procedencia noble. El primer emperador de esta nueva era es Maximino, hijo de campesinos y procedente de una zona de la actual Serbia. Pocos emperadores de esta época mueren por causas naturales, la mayoría fruto de conspiraciones y asesinatos muchas veces de manos de su propia guardia. Esta situación de caos propicia que el año 260 Póstumo proclame la independencia del Imperio Galo (Galia, Britania, e Hispania) sin que desde Roma se pueda hacer nada para remediarlo. Ante tal muestra de debilidad imperial en el 266 d.C. Zenobia se proclama Reina de Palmira haciéndose con el control de Siria y Egipto en Oriente. Esta nueva escisión hace pensar ya en un fin próximo del Imperio pero un ambicioso Aureliano derrota a Zenobia en el 272 y a Tétrico (el tercer emperador de la Galia) en el 274 restaurando la unifidad del imperio por lo que es proclamado en Roma como restitutor lo cual no le salvará de morir asesinado también por su guardia algo que será lamentado posteriormente ante la incompetencia de sus nuevos sucesores.
No es hasta Diocleciano cuando, por fin, se pone freno a la Anarquía que ya duraba más de medio siglo gracias a las profundas reformas que efectúa. Con él empieza el bajo imperio. Diocleciano trata de recuperar el culto a las divinidades paganas y, particularmente, el culto al emperador por lo cual vuelve a perseguir de nuevo a los cristianos como hicieran algunos de sus predecesores por negar estos la divinidad del emperador. El objetivo es sacralizar la figura del mandatario supremo evitando así su trivialización y que pudiera ser objeto de las más viles traiciones como había sido costumbre durante la tercera anarquía. También advierte que la capital imperial no puede seguir siendo Roma, ciudad donde las intrigas de palacio y las confabulaciones entre nobles, políticos y militares de toda clase y condición hacen peligrosa la vida del emperador. Así mismo, decide finalmente dividir, en el 286, los dominios de un imperio que se había hecho difícilmente governable y reestructurar su organización territorial y de gobierno imponiendo la tetrarquía. La partición resulta en el Imperio Romano de Oriente que pasa a dirigir él mismo con Nicomedia como capital y en el Imperio Romano de Occidente cediendo su control a su amigo Maximiano quien instala su capital en Mediolanum (actual Milán). El intento trataba de salvar a Oriente y evitar que la decadencia del imperio de occidente acabase arrastrando también a Oriente en su caída. Sin embargo, a la salida de ambos del poder regresó la inestabilidad.
El imperio se volvió a unir y a separar en diversas ocasiones. Constantino I el Grande lo volvió a unificar, en el 324, venciendo a sus oponentes bajo la bandera de una nueva religión, el cristianismo, estableciendo la capital de todo el imperio en la renombrada Constantinopla, antigua Bizancio. Constantino no fue realmente un emperador cristiano aunque utilizó la religión para alzarse con el poder bautizándose tan solo cuando vio venir la muerte desde su lecho lo que permitió que finalmente el cristianismo se convirtiera por vez primera en religión de estado. A su muerte, el imperio se repartió entre sus tres hijos tal y como habia dispuesto, la prefectura de la Galia para Constantino II, Italica para Constante y Oriente para Constancio II. Los dos primeros conspiraron entre sí alzándose finalmente Constante como dominador de todo Occidente momento en el cual Magnencio se aprovechó de la situación para usurpar el trono, derrotar y asesinar finalmente a Constante. Constancio marchó entonces sobre este derrotándole y alzándose nuevamente como emperador único de todo el Imperio Romano.
Constancio era arriano a pesar de que tras el Concilio de Nicea dicha doctrina había sido desechada por la del Obispo Atanasio considerándose el arrianismo como una herejía. A pesar de lo cual mientras Constancio estuvo en el poder se mantuvo un equilibrio entre ambas corrientes que se rompió a la llegada de Juliano el apóstata en el 361 quien devolvió la libertad de culto y se hizo pagano renunciando al cristianismo y prohibiendo las persecuciones religiosas también entre los propios cristianos lo que no evitó que, poco a poco, los arrianos fueran marginados. Cuando Joviano accedió al trono este recuperó la religión cristiana como religión de estado pero ya con el atanasianismo como corriente mayoritaria.
Valentiniano I volvió a partir el imperio en el 364 recuperándose nuevamente su unidad con Teodosio I, el último emperador conjunto, en 392. A su muerte en el 395 d.C. la separación del imperio se hizo por fin irrevocable. Su hijo Honorio heredó la parte oeste y Arcadio la parte este del imperio.
El último emperador de Roma, Rómulo Augústulo, fue depuesto en 476 por Odoacro, rey de los hérulos, pero el Imperio Romano de Oriente continuó hasta 1453, año en que los turco-otomanos tomaron Constantinopla.
Ciudad
Las ciudades romanas eran el centro de la cultura, la política y la economía de la época. Base del sistema judicial, administrativo y fiscal eran también muy importantes para el comercio y a su vez albergaban diferentes acontecimientos culturales.
Las ciudades romanas estaban amuralladas y tenían un trazado regular (imitando el modelo de Roma). El centro de la ciudad era el forum, una gran plaza rodeada de tiendas, edificios públicos y de templos. Para el ocio y el entretenimiento de sus ciudadanos, la ciudad disponía de teatros, caldas, anfiteatros y circos. También había monumentos, como el arco del triunfo, para conmemorar alguna gesta bélica, y acueductos para abastecer de agua a la ciudad. El resto de la ciudad estaba ocupada por casas. Lo ricos vivían en un tipo de casa unifamiliar denominada domus. Los más humildes moraban en pisos, denominados insulae (islas).
Economía
La economía del Imperio Romano era la propia de un imperio esclavista, los esclavos trabajaban obviamente de forma gratuita lo cual producía una enorme riqueza. Las diferentes ciudades y provincias estaban conectadas por una red de comunicaciones: vías y puertos que fomentaban el comercio notablemente.
Aunque la vida se centraba en las ciudades, la mayoría de los habitantes vivían en el campo, donde cultivaban la tierra y cuidaban el ganado. Los cultivos más importantes eran el trigo, la viña y los olivos, también árboles frutales, hortalizas, legumbres y lino. Los romanos mejoraron las técnicas agrícolas introduciendo el arado romano, molinos más eficaces, como el grano, el prensado de aceite, técnicas de regadío y el uso de abono.
Sociedad
La sociedad romana se configura de dos clases sociales que tenían la ciudadanía romana: una aristocracia de propietarios (patricii, patricios) y una clase popular que luchaba por conseguir derechos (plebs, plebeyos). Como ya se ha dicho anteriormente la economía estaba basada en el sistema de producción esclavista donde la mayoría de los esclavos eran prisioneros de guerra. Existían mercados de esclavos donde se comerciaba con ellos como si fuesen simples mercancías.
Así pues la sociedad romana estaba dividida en:
* Patricios: la clase dominante que poseía todos los privilegios tanto fiscales, como judiciales, políticos y también culturales (es decir eran más cultos).
* Plebeyos: eran el pueblo que no gozaba de todos los derechos ni privilegios.
* Esclavos: no tenían derechos y eran posesión de sus amos.
Religión
Los romanos adoraban un gran número de dioses. Los más venerados eran Júpiter, Minerva y Juno. En honor a ellos se construyeron templos y se ofrecieron sacrificios de animales. El emperador era adorado como un dios y en todo el Imperio se practicaba el culto imperial.
También veneraban, en casa, a los dioses protectores del hogar y de la familia; en cada casa había un altar dedicado a esos dioses. Además, los romanos eran muy supersticiosos y, antes de tomar una decisión consultaban la voluntad de los dioses, expresada por medio de los oráculos.
Las fiestas religiosas
El calendario religioso romano reflejaba la hospitalidad de Roma ante los cultos y divinidades de los territorios conquistados. Originalmente eran pocas las festividades religiosas romanas. Algunas de las más antiguas sobrevivieron hasta el finales del imperio pagano, preservando la memoria de la fertilidad y los ritos propiciatorios de un primitivo pueblo agrícola. A pesar de eso, se introdujeron nuevas fiestas que señalaron la asimilación de los nuevos dioses. Llegaron a incorporarse tantas fiestas que los días festivos eran más nombrosos que los laborales. Las más importantes eran las fiestas lupercales, saturnales, equiria y de los juegos seculares. Para más información: Fiestas romanas.
Tiempo después, el cristianismo se convirtio en la religión oficial del Imperio, con el emperador Constantino, que toleró las 2 religiones, ya que cuenta la historia que antes de una gran batalla el vio una cruz en el cielo, al día siguiente grabó en los escudos de todos los soldados la cruz y obtuvo una gran victoria, se bautizó unos días antes de su muerte.
Acerca de los Patricios, los Plebeyos y la Esclavitud
Patricios
Los patricios conformaban una clase romana formada inicialmente por los padres de familia (Pater familias) o bien por hijos de padres de familia vinculados a la obediencia paterna (los hijos varones no alcanzaban la condición de padre de familia hasta que el padre moría y se independizaban, pero se daba por descontado que alcanzarían esta condición). Se les llamaba también Patres.
Estos Patres y sus descendientes que componen las personas de las treinta curias primitivas forman la clase de los patricios, «patricii». Ellos constituyen una nobleza de raza y ellos solos participan del gobierno del Estado y gozan de todos los privilegios del ciudadano romano.
Plebe
El término plebeyo procede de la división de clases en la Antigua Roma, durante el periodo republicano, donde gobernaba la clase patricia a través de los cónsules, mientras la plebe carecía prácticamente de derechos, estando formada esta casta por descendientes de extranjeros, de esclavos o de cautivos procedentes de las campañas de conquista. Ya en el siglo IV a.C. se producen las primeras sublevaciones de la plebe reclamando más derechos civíles, siendo así que, espoleados por la presión de la plebe, los patricios romanos elaboran un sofisticado código legal, la ley de las doce tablas, que a grandes rasgos, son herederas nuestras actuales leyes, con el fin de acallar las protestas del pueblo. Además, la plebe consigue tener representantes (tribunos de la plebe) con poderes para garantizar sus derechos frente a la clase dominante.
Esclavitud
La esclavitud (del latín medieval sclavus < slavus) designa la condición de las personas (los esclavos) que deben servir a un amo sin remuneración alguna y que no disponen de derechos sobre su propia persona. Los esclavos deben obedecer todas las órdenes de su amo desde su nacimiento o su captura (paso de la libertad a la esclavitud) hasta su muerte o su liberación (paso de la esclavitud a la libertad).
Los primeros registros en los que se tiene constancia de la presencia de esclavos en una gran civilización es en Mesopotamia durante la época sumeria, si bien muy limitada. En el Antiguo Egipto un número de esclavos suficiente como para tener cierta importancia social se dio sólo en algunos periodos, especialmente en el Imperio Nuevo. El origen de los esclavos provenía de las conquistas y no existía una regulación jurídica sobre los mismos.
La esclavitud como práctica social y económica fue usual en la antigüedad greco-romana, y ambas pueden considerarse las primeras sociedades “esclavistas” al estar sustentadas en su base económica por este sistema. El estatus social y el papel de los esclavos era considerado inferior o inexistente en relación a una persona libre. La sociedad de la Antigua Grecia tenía fundamentada filosóficamente la esclavitud que, para Aristóteles era la garantía indispensable para que los hombres libres pudieran dedicar su tiempo a la política y buen gobierno de la ciudad. En la Antigua Roma la práctica de la esclavitud se regula, en algunas ocasiones al mínimo detalle, estableciéndose la manumisión como fórmula de liberación de los esclavos, siempre con causa. Del siglo V adC al siglo I dC es el momento de mayor implantación y extensión de la esclavitud. Será durante el Imperio Romano cuando empiece a remitir, un comportamiento influido por las tesis de los primeros cristianos.
En Europa en los inicios de la Edad Media la esclavitud desaparece siendo cambiada por la servidumbre. En dicho caso las personas eran libres y gozaban de una serie de derechos pero estaban atados por compromisos de trabajo a la tierra y el señor feudal. En el mundo musulmán y en Bizancio se mantuvo la tradición recogiendo las antiguas costumbres romanas. A finales del siglo XV, la esclavitud en Europa estaba muy reducida.
La esclavitud recobra importancia como mano de obra, en las explotaciones agrícolas de gran extensión (sistema de plantaciones) en América del Norte, del Sur y el Caribe. La fuente de esclavos fue África y la Isla de Gorée , colonia francesa, fue el lugar preciso donde se estableció el mercado de esclavos, también conocido como el lugar sin retorno y donde se separaban definitivamente las familias desintegradas por la esclavitud.
A partir del siglo XVIII empiezan a ser importantes los movimientos abolicionistas de la esclavitud. En 1794 Francia declara abolida la esclavitud, para ser repuesta por Napoleón I en 1802 y finalmente abolida por la Segunda República Francesa en 1848. En el Imperio Británico sucesivas medidas legislativas (1807, 1827, 1833 y 1834) declaran abolida la esclavitud.
La Convención sobre la Esclavitud, promovida por la Sociedad de Naciones y firmada el 25 de septiembre de 1926 (en vigor desde el 9 de marzo de 1927) termina con la esclavitud y crea un mecanismo internacional para perseguir a quienes la practican. Las Naciones Unidas, como heredera de la Sociedad de Naciones, asume los compromisos de la Convención.
A pesar de las entrada en vigor de esta convención y de estar ‘oficialmente prohibida’ en casi todos los países, la esclavitud sigue existiendo en la actualidad en gran escala, tanto en sus formas tradicionales como en forma de ‘nueva esclavitud’. Según un estudio publicado en el año 2000 podría haber unos 27 millones de esclavos en todo el mundo (Kevin Bales - La Nueva Esclavitud en el Mundo Global - Ed. Siglo XXI).

